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¿Cómo afecta que tu hijo se chupe el dedo a su boca?

Chuparse el dedo

Muchos padres acuden a la consulta porque ya no saben qué hacer para que sus hijos dejen de chuparse el dedo. Los padres pueden llegar a desvivirse para que sus hijos dejen este hábito: les observan continuamente para evitar que se lleven el dedo a la boca, les hablan y mentalizan sobre las consecuencias que pueden tener para sus dientes, e incluso les regañan y castigan cuando ya se encuentran en una situación de desesperación máxima.

Tenéis que saber que el dedo para un niño que se lo chupa puede ser considerado como su mejor amigo, o incluso una segunda madre, porque le consuela y le calma en momentos difíciles, le ayuda a dormir mejor, le protege cuando tiene miedo. Puede llegar a compararse con una “droga”, el placer que puede sentir un niño al chuparse el dedo no es comparable con nada. Ese momento en el que se introduce el dedo en la boca puede incluso desaparecer su mundo, pues se siente a gusto, seguro y en un lugar de felicidad máxima dándole igual cualquier tipo de consecuencia negativa que pueda tener.

En resumen, chuparse el dedo es para los niños una forma de relajarse similar a laque sienten cuando usan el chupete. Durante el momento de succión del dedo se liberan endorfinas, unas hormonas que les hace sentirse relajados y en calma.Por eso, normalmente este hábito se realiza en el momento de conciliar el sueño, cuando están nerviosos o enfadados por algo.

La prevalencia del hábito de chuparse el dedo varía mucho en función de la edad, estando aumentado durante el primer año de vida y disminuye de manera progresiva a medida que el niño va creciendo.

El dedo más común para llevara cabo la succión es el pulgar, aunque muchas veces pueden ser varios.

¿Por qué los niños se chupan el dedo?

Todos los seres humanos nacemos con el reflejo de succión innato. Este reflejo de succión debe cubrirse durante los primeros años de vida, con la lactancia materna o el chupete, si este reflejo no se completa durante los primeros años de vida del bebé puede que este hábito de succión se transforme más adelante en una costumbre diaria, siendo perjudicial cuando supera los 4 años de edad.

También este hábito puede estar relacionado con ciertos trastornos emocionales asociados con inseguridades o deseos de llamar la atención. Un cambio en el entorno del niño, el inicio del colegio o la guardería, la llegada de un hermano a la familia pueden ser situaciones a veces difíciles de afrontar para ellos por lo que buscan consuelo y alivio chupándose el dedo.

Los efectos bucodentales de que tu hijo se chupe el dedo

Los efectos bucodentales que se producen cuando un niño se chupa el dedo van a depender de la posición, intensidad, frecuencia y duración del hábito de succión. Es decir, si la frecuencia es escasa o nuestro hijo abandona el hábito de manera precoz, antes de los 3 años de edad, puede ser que no se produzca ningún tipo de alteración en su boca, pero si ocurre todo lo contrario, puede dar lugar a una serie de alteraciones bucales.

Estos cambios están relacionados con el modo en el que el niño se chupa el dedo: la yema del pulgar se apoya sobre la zona del paladar posterior a los incisivos superiores, mientras que la parte de la uña se apoya sobre los incisivos inferiores. Los efectos de este apoyo dará lugar a:

  • Alteraciones dentales y/o esqueléticas:
    • Cambio en la orientación de los incisivos: los incisivos superiores pueden estar protruidos (dientes inclinados hacia delante) y los incisivos inferiores retruidos (dientes inclinados hacia atrás), dando lugar a lo que conocemos con el nombre de resalte.
    • Mordida abierta: debido a que los niños cuando se chupan el dedo bloquean la erupción de los incisivos superiores e inferiores, aparece de la mordida abierta que consiste en una falta de contacto entre los dientes. No tocan entre sí y, por tanto, existe un hueco entre ellos.
    • Paladar estrecho y/o mordida cruzada: al introducir el pulgar entre los dientes, la lengua se ve obligada a colocarse en una posición baja. Al no colocarse en el paladar dará lugar a un estrechamiento del mismo.
Mordida abierta por chuparse el dedo
Mordida abierta

A largo plazo, todas estas alteraciones dentales pueden afectar a los huesos que se están formando, dando lugar a una posición más posterior de la mandíbula y/o protrusión del maxilar.

  • Alteraciones funcionales:
    • La masticación empeora, ya que trituran menos los alimentos.
    • Problemas de deglución: el niño altera su forma de tragar ya que interpone la lengua entre los dientes, dando lugar a la aparición del hábito de deglución atípica o interposición lingual.
    • Succión labial inferior: debido a la posición adelantada de los incisivos superiores.
    • Respiración bucal: como consecuencia del estrechamiento del paladar y la posición baja de la lengua.
    • Alteraciones del habla: lo más común es la aparición del ceceo, pronunciar la “s” como una”c”.
  • Alteraciones estéticas:
    • Los dedos que se succionan pueden estar enrojecidos, con la uña corta y aplanados. En casos graves, podemos ver callosidades.
    • La aparición de una mordida abierta anterior puede afectar a la sonrisa dando lugar a problemas de autoestima.

Cómo ayudar a tu hijo a dejar de chuparse el dedo

Como ocurre con el chupete, lo ideal es abandonar el hábito antes de los 3 años de edad. Pero en muchas ocasiones se prolonga más en el tiempo y el abandono del hábito requiere de la colocación de algún aparato en la boca o incluso, en el dedo para ayudar a los niños a dejar su uso. Los métodos más conocidos son:

  • Refuerzo positivo: es una alternativa muy eficaz siempre y cuando el niño tenga una edad adecuada para llevar esta estrategia acabo. Lo que los padres no deben hacer es castigar o regañar a los niños por ello. De hecho, cuanto más insistamos en que dejen de chuparse el dedo más difícil será para ellos conseguirlo. Recuerda, es más conveniente sustituir un mal hábito por otro bueno, que llevar a cabo castigos y prohibiciones. Incluso existen libros que puedes leerles para motivarlos de una manera diferente.
  • Método del calendario, donde señalaremos los momentos o partes del día en el que el niño no se ha chupado el dedo. Los padres adoptan una actitud positiva, planifican unos retos y felicitan al niños por haberlo conseguido, o incluso pueden darle un pequeño premio. Esta forma de actuar reforzará su autoestima y confianza para conseguirlo. El reto debe ser fácil y progresivo al principio, e ir aumentando la dificultada medida que el niño va mejorando el abandono del hábito.
  • Hay niños que cuando se chupan el dedo tienen en la otra mano un muñeco o una manta, que a menudo relacionan con el hábito. Por eso, también es importante eliminar estos objetos relacionados cuando se está intentando quitar el hábito. Si se chupa el dedo a la hora de irse a dormir, también podemos ofrecerle la alternativa de dormir con su peluche favorito para que sienta más seguro.
  • Opciones para dificultar que los niños se lleven el dedo a la boca: productos con mal sabor que se aplican en los dedos de los niños, coser manoplas a las mangas del pijama (es preferible que estos pijamas sean de una pieza, no los compuestos de camiseta y pantalón). O incluso existen guantes especiales con los que no se pueden chupar el dedo.

En algunos niños funcionan, pero en otros no tienen resultados porque estos métodos pueden ser interpretados por los niños como un castigo, lo cual puede derivar a intensificar su miedo y reforzar el hábito.

  • Aparatos de ortodoncia: no deben usarse en niños menores de 3 años, pues normalmente antes de los 4 años de edad pueden abandonar el hábito e incluso se pueden corregir muchas de las alteraciones bucales producidas. Pueden ser fijos o removibles, y utilizar uno u otro dependerá de las alteraciones bucodentales que se hayan generado.

Por último, no hay que olvidar que la eliminación del cualquier hábito es difícil. Por eso, es fundamental que el niño quiera dejar de chuparse el dedo. Recordad, lo importante no es el aparato, sino el deseo de erradicar el hábito, por lo que el niño siempre necesitará estímulos positivos de reforzamiento tanto por parte de los padres como por parte del dentista.

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